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26 mayo 2015 2 26 /05 /mayo /2015 22:38
Controlar la oposición

¿Cómo neutralizar una oposición? ¿Cómo volverla inofensiva? Vieja pregunta, que se plantea también a los herejes modernistas que han ocupado ilegítimamente la Sede Apostólica durante el Vaticano II: una empresa osada y sacrílega semejante no podía dejar de levantar, entre los católicos fieles, una oposición.

Grosso modo, se puede combatir una oposición:

-persiguiendo a la oposición;

-comprando a la oposición;

-manejando, controlando, influenciando, infiltrando la oposición, o creando una falsa oposición;

-finalmente, aplicando a la vez las tres precedentes modalidades.

Los modernistas, en esto, no son la excepción a la regla.

El primer método es ciertamente eficaz, y todos lo pueden constatar, pero ciertamente no es suficiente: elimina a los opositores tibios y dudosos, pero fortalece a los fervientes.

El segundo método se dirige a los opositores cansados de la persecución, con la promesa de un indulto, de un motu proprio, de un reconocimiento canónico, de un lugar al sol, al menos de una revisión (sólo para volver al primer método).

El tercer método es el más sutil e insidioso. Ya que siempre habrá oposición, vale más maniobrarla: es el mejor modo de controlarla y volverla inofensiva. Así, ella misma se convertirá en el instrumento de represión de los últimos amotinados.

La Fraternidad San Pío X, recientemente reconocida como sociedad de derecho diocesano por el arzobispo modernista de Buenos Aires, Mons. Poli, en el fondo siempre ha desempeñado este papel. Ampliamente perseguida, pero también tentada por “generosas” ofertas, ha sido tolerada en la medida en que reconocía la autoridad y legitimidad del adversario (hagamos la experiencia de la Tradición) y marginalizaba y perseguía a su vez a los irreductibles. Más tarde, K. Wojtyla creó –con el Indulto y la Comisión Ecclesia Dei– una oposición “conciliar” (el Concilio a la luz de la Tradición). Con J. Ratzinger y el motu proprio Summorum Pontificum hemos asistido a un fenómeno sorprendente: opositores al modernismo que tomaban como guías intelectuales propios a personas que habían hasta entonces militado en el modernismo, para hacer aceptar a los antimodernistas la hermenéutica de la continuidad y la reforma de la reforma. Los números 64-65 de Sodalitium denunciaron el fenómeno, dando como ejemplos, entre otras cosas, la iniciativa de las editoriales Lindau y Fede e Cultura (Lindau parece desenmascarada, habiendo pasado de Amerio, Agnoli, Gherardini y De Mattei al Marqués de Sade; no así los veroneses). No olvidemos los sitios de internet, que hoy en día ejercen una influencia por lejos más importante que las editoriales. Como ejemplo proponemos a nuestros lectores el caso verdaderamente emblemático de la profesora María Guarini, responsable durante 2005-2006 del Osservatorio del movimento Neo-Catecumenale secondo verità, y durante 2008-2010, del blog Chiesa e post-concilio. En una entrevista radiofónica al Padre Stefano Bellunato (FSSPX) en Radio Vobiscum, la profesora menciona su pasado “conciliar”, para luego pasar rápidamente, a través del Padre Zoffoli y Mons. Gherardini, a sus nuevos amigos “tradicionalistas”. No dice, sin embargo, que hasta el 2012 actualizó el sitio de la asociación Nostre Radici, de la que era vicepresidente, cuya finalidad, como se lee aquí, es “denunciar y combatir toda forma de antijudaísmo, antisemitismo y antisionismo”, en consonancia con la declaración Nostra Ӕtate del Concilio Vaticano II. No una simple fiel entonces, sino una activista bien instalada del Modernismo, que al mismo tiempo –o inmediatamente después– se convirtió en maitre à penser del “Tradicionalismo”. Léase su alabanza en Corrispondenza Romana (que hace referencia al prof. De Mattei) por parte de Cristina Siccardi, la hagiógrafa de Pablo VI y de Mons. Lefebvre (!):

“A mantener viva su memoria y su obra se ha dedicado y se dedica el estudioso Enrico María Radaelli, devoto discípulo del filósofo luganés (Romano Amerio), que en el 2009 hizo publicar nuevamente Iota unum, gracias a la editorial Lindau de Turín. El 30 de octubre de 2009 se celebró un congreso en la Biblioteca Angélica de Roma precisamente sobre Romano Amerio, en el cual participó, además del mismo Radaelli, Monseñor Antonio Livi, (Don Curzio Nitoglia, nota de Sodalitium) Francesco Colafemmina y María Guarini, “una mujer de fe y de ciencia”, como la define Monseñor Brunero Gherardini en el prefacio del libro La Chiesa e la sua continuità. Ermeneutica e istanza dogmatica dopo il Vaticano II (Diffusioni Editoriali Umbilicus Italiae, pp. 238), “la apis argumentosa que busca, estudia, explica y lanza a los cuatro vientos, con la constancia de los fuertes, los frutos de su inteligencia, de su estudio, de su compromiso con la sana doctrina y la Santa Madre Iglesia”.

María Guarini, responsable, entre otras cosas, de un importante sitio de Internet, Chiesa e postconcilio, desde el cual libra con elegancia y puntualidad, una valiente batalla en defensa de la Fe y de la Tradición, ha recogido las contribuciones de aquel congreso en el ya mencionado volumen, e incluso ha ampliado algunas temáticas de gran interés actual que saldrán del coro de aplausos que pronto escucharemos cuando en octubre comience el 50mo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. María Guarini parte del enfoque multidisciplinar utilizado por Romano Amerio en la redacción de su obra para abrir nuevos caminos de análisis de lo que significa defender la Doctrina y transmitirla correctamente”.

A fin de esclarecer las ideas a nuestros lectores, ofrecemos la interesante lectura de un artículo de la profesora Guarini, nueva estrella del Tradicionalismo italiano. La fuente citada al final del artículo es el SIDIC (Servicio internacional de documentación judeo-cristiana, fundado en 1965), al cual ha sucedido, dentro de la Pontificia Universidad Gregoriana, el Centro Cardinal Bea per gli studi giudaici, frecuentado por la profesora Guarini. Precisamos que no contestamos la buena fe de la profesora (que sólo Dios conoce); de hecho, quien trabaja de buena fe para el enemigo, trabaja aún mejor y es más convincente.

 

JUBILEO JUDÍO Y JUBILEO CRISTIANO, por María Guarini

Dada la común raíz bíblica del año jubilar, es deseable que, como cristianos y judíos, a pesar de las profundas diferencias en la manera de entenderlo, colaboremos juntos en vista de un mundo más justo. Por lo tanto, aunque se trata de una iniciativa cristiana de la Iglesia Romana, la celebración del jubileo puede ser enriquecida por la presencia de los hermanos judíos invitados a participar como invitados privilegiados, junto con los representantes de otras religiones. Se podrá interrogar y contrastar sobre temas de común interés para la fe en Dios y la salvación de los seres humanos”.

Para leer el artículo original completo ->

 

http://www.sodalitium.it/

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Published by P. Romero
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