Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
18 marzo 2013 1 18 /03 /marzo /2013 19:02

a 484El comunicado de nuestro Instituto del 11 de febrero, terminaba con estas palabras: “Sólo la elección de un verdadero Sucesor de Pedro podría poner fin a esta crisis de autoridad, pero la composición del cuerpo electoral hace prever –humanamente hablando– que la noche será aún más profunda y que el alba todavía está lejos”. Lamentablemente la realidad –con la elección del pasado 13 de marzo– fue más allá de las predicciones más calamitosas. Si el Gran Oriente de Italia y aún más aquella particular organización masónica que es la B’nai B’rith (Hijos de la Alianza) se han alegrado vivamente de la elección realizada en la persona de Jorge Mario Bergoglio, el mundo católico por el contrario llora, no sólo por estar todavía privado de un verdadero, auténtico y legítimo Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, sino también porque ocupa la Sede Apostólica en castigo de nuestros pecados y por otras inescrutable razones– un verdadero enemigo interior de la Iglesia Católica.

En este momento histórico, y en espera de actos objetivos que pueden confirmar o –Dios quisiera– desmentir cuanto acabo de escribir, desde nuestro lugar de simples bautizados, confirmados o sacerdotes de la Iglesia Católica, queremos profesar nuestra fe, proponer algunas consideraciones y lanzar un llamamiento.

Ante todo, los miembros del Instituto quieren renovar aquí pública y personalmente la profesión de fe católica del Concilio de Trento y del Vaticano primero (DH 1862-1870) y el juramento anti-modernista (DH 3537-3550), y de manera particular su fe “en el primado y el magisterio infalible del Romano Pontífice, Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro, al cual Cristo confió las llaves del Reino de los Cielos, la misión de confirmar a sus hermanos en la fe y de apacentar Su rebaño”; primado que Cristo confió sólo a Pedro, y no de modo estable a todo el colegio apostólico y aún menos al “colegio episcopal”.

Los acontecimientos recientes (renuncia de Joseph Ratzinger, elección de Jorge M. Bergoglio) recordaron también el papel de Dios y el de los hombres durante la vacancia de la Sede y la elección del nuevo Pontífice. Durante la vacancia de la Sede, la Autoridad permanece siempre en Cristo, Cabeza invisible de la Iglesia, y solamente “in radice” en el cuerpo moral que puede designar al nuevo Pontífice.

Este cuerpo moral elige a un candidato con actos humanos propios a cada uno de los electores; la persona elegida debe entonces aceptar, no sólo de palabra sino en realidad, el Sumo Pontificado, el cual exige la voluntad objetiva y habitual de realizar el fin mismo del Papado y el bien de la Iglesia. Esta aceptación y esta intención son también actos humanos, sujetos a todas las imperfecciones de cualquier otro acto humano. Estos actos humanos –de los electores y del elegido constituyen el aspecto material del papado; papado que sin embargo no viene de los hombres, sino de Cristo mismo que gobierna, santifica, enseña a la Iglesia, de manera habitual, “con” su vicario: “Yo estaré con vosotros...” (Mat. 28, 20). Cristo comunica entonces, a quien ha sido canónicamente electo y que ha verdaderamente aceptado, la Autoridad que lo constituye formalmente Sumo Pontífice.

Es con un simple acto voluntario de renuncia que Joseph Ratzinger rechazó la elección que se había hecho de su persona, volviendo así la Sede totalmente vacante; así volvió explícita la ausencia en él de la voluntad de gobernar verdaderamente la Iglesia “con Cristo”, ausencia que le impedía, desde el inicio, ser Papa. Analógicamente, es con un acto de su voluntad que Jorge M. Bergoglio no tiene objetivamente la intención de gobernar la Iglesia al aceptar el Sumo Pontificado, al punto que la noche de la elección se presentó a sí mismo no como Papa, sino sólo como “obispo de Roma”, según la nueva doctrina de la colegialidad episcopal. Todos los actos de Jorge M. Bergoglio en su sede arzobispal de Buenos Aires atestiguan, sin lugar a dudas, que él considera su cargo en orden al diálogo inter-religioso, especialmente con el judaísmo, y al ecumenismo (al punto de hacerse bendecir e imponer las manos por herejes), en fraterna unión con todos los enemigos de la Iglesia y de Cristo, y en el más completo desprecio de la Tradición dogmática, litúrgica y disciplinaria de la Iglesia Católica. Una tal intención pública y habitual es incompatible con el hecho de ser Papa, es decir, con el ser “una cum” la Cabeza invisible de la Iglesia, Nuestro Señor Jesucristo. Y este es el análisis que creemos deber hacer para comprender la situación actual de la autoridad en la Iglesia.

Dirigimos entonces nuestra oración a Nuestro Señor Jesucristo: “¡Domine, salva nos, perimus!” (Mat. 8, 23). Sólo Nuestro Señor, por intercesión de María Santísima, puede salvar y salvará a Su Iglesia.

Hacemos un llamamiento a los católicos que se sienten todavía ligados a la Tradición de la Iglesia, para que abran los ojos y tengan el coraje de romper la comunión con quien no puede representar a Jesucristo y a Su Esposa, la Iglesia Católica.

Finalmente, rezamos a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo para que protejan a la Iglesia Romana, y a los Santos Pontífices Pío V y Pío X para que sostengan con su intercesión a todos los defensores de la Iglesia, de sus enemigos internos y externos.

Verrua Savoia, 15 de marzo de 2013

Compartir este post

Repost 0
Published by P. Romero
Comenta este artículo

Comentarios

 

 

 

    pstpied 

Contáctenos:

 

feintegra@gmail.com

integrismo@yahoo.com.ar

 

Buscar

  1

 

2

 

3

 

4

 

5

 

6

 

7

 

8

 

9

 

10

 

11

 

12

 

13

 

14

 

15

 

16

 

17

 

18

 

19

 

20

 

21

 

22.jpg