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22 marzo 2013 5 22 /03 /marzo /2013 21:28

† Continuación del Santo Evangelio según San Juan (8, 46-59)

En aquel tiempo: Decía Jesús a las turbas de los judíos: ¿Quién de vosotros me convencerá de pecado? Si os digo la verdad, ¿por qué no me creéis? El que es de Dios, oye las palabras de Dios. Por eso vosotros no las oís, porque no sois de Dios. Respondieron los judíos: ¿No decimos bien que eres un samaritano y que estás endemoniado? Respondió Jesús: Yo no estoy poseído del demonio, sino que honro a mi Padre; y vosotros me habéis deshonrado a mí. Yo no busco mi gloria, hay quien la busca y juzga. En verdad, en verdad, os digo: quien guarde mi doctrina, no morirá jamás. Dijeron los judíos: Ahora conocemos que estás poseído de algún demonio. Murieron Abraham y los profetas; y tú dices: Quien guarde mi doctrina, no morirá eternamente. ¿Por ventura eres mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió, y que los profetas, que también murieron? Tú ¿por quién te tienes? Jesús respondió: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada vale; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios, y no lo conocéis, mientras que yo lo conozco. Y si dijese que no lo conozco, sería tan mentiroso como vosotros. Pero le conozco y observo sus palabras. Abraham, vuestro padre, deseó con ansia ver mi día; lo vio y gozó mucho. Y le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años y ¿has visto a Abraham? Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera, Yo soy. Tomaron entonces piedras para lanzárselas; mas Jesús se ocultó a sus ojos y salió del templo.

Queridos hermanos:

Acabamos de escuchar una fuerte discusión entre Nuestro Señor y sus enemigos jurados, los judíos, los fariseos, la Sinagoga de Satanás, que había deformado las profecías de la Sagrada Escritura forjándose un Mesías temporal, y es por no plegarse a sus deseos, y ante todo por haberse proclamado Dios, que ellos van a condenar a muerte a Nuestro Señor. A medida que nos acercamos a Semana Santa, como se aprecia en los textos litúrgicos de los próximos días, el conflicto con los fariseos se agudiza cada vez más hasta el desenlace en el drama de la Pasión. Nuestro Señor es claro con ellos, es terminante: “vosotros sois mentirosos”, vosotros vivís en la mentira; “vuestro padre es el diablo”, les dirá en otra ocasión. Por otra parte, el Evangelio de hoy termina con la proclamación por parte de Nuestro Señor de Su Divinidad: “en verdad os digo, antes de que Abraham existiera, Yo soy”. Los judíos lo comprendieron y tomaron piedras para tratar de lapidarlo. Pero el Evangelio nos dice que Jesús se escondió y salió del templo. Él dará Su vida libremente, cuando lo quiera. Jesús se esconde, es por eso que durante el tiempo de Pasión se cubren las imágenes de los Santos, e incluso los crucifijos, con un velo morado, como habrán notado al entrar a la iglesia.

Esta semana celebramos la fiesta de San José, Patrono de la Iglesia universal. Pero ustedes podrían preguntarse: ¿cuál es la relación entre todo esto? Y bien, la semana pasada hemos podido presenciar acontecimientos muy graves, de los que han dado cuenta los medios de comunicación. A los ojos del mundo, el colegio cardenalicio eligió a quien se hace llamar Francisco.

Como argentino, me siento avergonzado. Este Francisco, considerado cardenal primado de la Argentina y arzobispo de Buenos Aires, es verdaderamente amigo de los enemigos de Nuestro Señor. Se lo ha podido ver durante los días de fiesta judíos, en la sinagoga de Buenos Aires, junto al rabino, con la “kipá” en la cabeza, encendiendo el candelabro. En ocasión de un “congreso carismático” en Buenos Aires, en presencia del predicador de ejercicios espirituales del Vaticano, Bergoglio se arrodilló ante pastores protestantes para recibir una supuesta bendición. También lo hemos visto la noche de su elección, antes de bendecir a la multitud, inclinarse ante ella pidiéndole a la gente que pidiera a Dios la bendición para él, en un gesto inaudito. En sus primeras palabras ante la multitud, se presentó insistentemente como “obispo de Roma” y no pronunció ni una vez la palabra “Papa”, en otro gesto inaudito que va siempre en el sentido de la destrucción de la autoridad y de la colegialidad episcopal del Vaticano II.

Tomó el nombre de Francisco. Hay una fábula que relata la historia de un cierto rey Midas; el cual, todo lo que tocaba lo convertía en oro. Y bien, los modernistas todo lo que tocan lo ensucian, lo destruyen y –permítanme la expresión– lo pudren. Ha profanado el nombre de un gran Santo, San Francisco de Asís, que nada tiene que ver con esta “fraternidad universal” de la que habló la noche de su elección, o con el ecumenismo conciliar. Ya que San Francisco no dudó en ir a tierras islámicas para intentar convertir al sultán, al rey musulmán, proclamando ante él, sin miedo ni respetos humanos, mientras los imanes que rodeaban al sultán apretaban los dientes de rabia, que Jesucristo es el único Dios verdadero y que para salvar su alma el sultán tenía que abandonar la falsa religión del Islam.

Ni la Iglesia ni San Francisco tienen nada que ver tampoco con una pobreza que iría más o menos en el sentido de la izquierda. La Iglesia enseña el espíritu de pobreza y la pobreza voluntaria, y condena todo tipo de socialismo y comunismo, que ponen en peligro o suprimen la propiedad privada y que enfrentan las clases sociales unas contra otras.

Por todo esto, Jorge Bergoglio, Francisco, no es Papa, al igual que sus predecesores del Vaticano II, y no puede ser Papa, en virtud de la asistencia divina de parte del Espíritu Santo con que cuenta la autoridad legítima de la Iglesia. Y el Espíritu Santo, de manera evidente, no está allí, mis queridos amigos, y ha abandonado el Vaticano hace ya algunas décadas. Y podríamos añadir a todo esto, la cuestión de su ordenación sacerdotal con el rito reformado, el cual es más que dudoso. No es posible estar en comunión con los modernistas, con Francisco, con la sinagoga y con las otras religiones. Piensen seriamente en esto. No se puede estar en comunión con esta gente en la liturgia, en la Misa, siendo la Misa tan importante para los católicos, siendo el centro de nuestras vidas. De la importancia que demos a esta cuestión depende la preservación de la fe para nosotros, para nuestros hijos, para las generaciones futuras.

En conclusión, recemos con insistencia a San José, Patrono de la Iglesia universal por todas esas almas que se dejan engañar por la Iglesia Conciliar, que están en el error y que seguirán a este Francisco al infierno. Que San José nos ayude a conservar la fe en la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana, Esposa Inmaculada del Verbo Encarnado, que nada tiene que ver con el modernismo.

Padre Héctor L. Romero

Rennes, Francia, 17 de marzo de 2013

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18 marzo 2013 1 18 /03 /marzo /2013 19:02

a 484El comunicado de nuestro Instituto del 11 de febrero, terminaba con estas palabras: “Sólo la elección de un verdadero Sucesor de Pedro podría poner fin a esta crisis de autoridad, pero la composición del cuerpo electoral hace prever –humanamente hablando– que la noche será aún más profunda y que el alba todavía está lejos”. Lamentablemente la realidad –con la elección del pasado 13 de marzo– fue más allá de las predicciones más calamitosas. Si el Gran Oriente de Italia y aún más aquella particular organización masónica que es la B’nai B’rith (Hijos de la Alianza) se han alegrado vivamente de la elección realizada en la persona de Jorge Mario Bergoglio, el mundo católico por el contrario llora, no sólo por estar todavía privado de un verdadero, auténtico y legítimo Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, sino también porque ocupa la Sede Apostólica en castigo de nuestros pecados y por otras inescrutable razones– un verdadero enemigo interior de la Iglesia Católica.

En este momento histórico, y en espera de actos objetivos que pueden confirmar o –Dios quisiera– desmentir cuanto acabo de escribir, desde nuestro lugar de simples bautizados, confirmados o sacerdotes de la Iglesia Católica, queremos profesar nuestra fe, proponer algunas consideraciones y lanzar un llamamiento.

Ante todo, los miembros del Instituto quieren renovar aquí pública y personalmente la profesión de fe católica del Concilio de Trento y del Vaticano primero (DH 1862-1870) y el juramento anti-modernista (DH 3537-3550), y de manera particular su fe “en el primado y el magisterio infalible del Romano Pontífice, Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro, al cual Cristo confió las llaves del Reino de los Cielos, la misión de confirmar a sus hermanos en la fe y de apacentar Su rebaño”; primado que Cristo confió sólo a Pedro, y no de modo estable a todo el colegio apostólico y aún menos al “colegio episcopal”.

Los acontecimientos recientes (renuncia de Joseph Ratzinger, elección de Jorge M. Bergoglio) recordaron también el papel de Dios y el de los hombres durante la vacancia de la Sede y la elección del nuevo Pontífice. Durante la vacancia de la Sede, la Autoridad permanece siempre en Cristo, Cabeza invisible de la Iglesia, y solamente “in radice” en el cuerpo moral que puede designar al nuevo Pontífice.

Este cuerpo moral elige a un candidato con actos humanos propios a cada uno de los electores; la persona elegida debe entonces aceptar, no sólo de palabra sino en realidad, el Sumo Pontificado, el cual exige la voluntad objetiva y habitual de realizar el fin mismo del Papado y el bien de la Iglesia. Esta aceptación y esta intención son también actos humanos, sujetos a todas las imperfecciones de cualquier otro acto humano. Estos actos humanos –de los electores y del elegido constituyen el aspecto material del papado; papado que sin embargo no viene de los hombres, sino de Cristo mismo que gobierna, santifica, enseña a la Iglesia, de manera habitual, “con” su vicario: “Yo estaré con vosotros...” (Mat. 28, 20). Cristo comunica entonces, a quien ha sido canónicamente electo y que ha verdaderamente aceptado, la Autoridad que lo constituye formalmente Sumo Pontífice.

Es con un simple acto voluntario de renuncia que Joseph Ratzinger rechazó la elección que se había hecho de su persona, volviendo así la Sede totalmente vacante; así volvió explícita la ausencia en él de la voluntad de gobernar verdaderamente la Iglesia “con Cristo”, ausencia que le impedía, desde el inicio, ser Papa. Analógicamente, es con un acto de su voluntad que Jorge M. Bergoglio no tiene objetivamente la intención de gobernar la Iglesia al aceptar el Sumo Pontificado, al punto que la noche de la elección se presentó a sí mismo no como Papa, sino sólo como “obispo de Roma”, según la nueva doctrina de la colegialidad episcopal. Todos los actos de Jorge M. Bergoglio en su sede arzobispal de Buenos Aires atestiguan, sin lugar a dudas, que él considera su cargo en orden al diálogo inter-religioso, especialmente con el judaísmo, y al ecumenismo (al punto de hacerse bendecir e imponer las manos por herejes), en fraterna unión con todos los enemigos de la Iglesia y de Cristo, y en el más completo desprecio de la Tradición dogmática, litúrgica y disciplinaria de la Iglesia Católica. Una tal intención pública y habitual es incompatible con el hecho de ser Papa, es decir, con el ser “una cum” la Cabeza invisible de la Iglesia, Nuestro Señor Jesucristo. Y este es el análisis que creemos deber hacer para comprender la situación actual de la autoridad en la Iglesia.

Dirigimos entonces nuestra oración a Nuestro Señor Jesucristo: “¡Domine, salva nos, perimus!” (Mat. 8, 23). Sólo Nuestro Señor, por intercesión de María Santísima, puede salvar y salvará a Su Iglesia.

Hacemos un llamamiento a los católicos que se sienten todavía ligados a la Tradición de la Iglesia, para que abran los ojos y tengan el coraje de romper la comunión con quien no puede representar a Jesucristo y a Su Esposa, la Iglesia Católica.

Finalmente, rezamos a los Santos Apóstoles Pedro y Pablo para que protejan a la Iglesia Romana, y a los Santos Pontífices Pío V y Pío X para que sostengan con su intercesión a todos los defensores de la Iglesia, de sus enemigos internos y externos.

Verrua Savoia, 15 de marzo de 2013

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22 febrero 2013 5 22 /02 /febrero /2013 15:18

Ordenado sacerdote por Mons. Lefebvre, el Padre Ricossa es superior del Instituto Mater Boni Consilii, situado en Verrua Savoia (provincia de Turín) y pertenece a los sedevacantistas, los cuales, oponiéndose a las renovaciones realizadas en la liturgia y en la doctrina por el Concilio Vaticano II, desconocen la autoridad papal.

Benedicto XVI, por supuestos problemas de edad, ha “renunciado” como cualquier funcionario estatal. ¿Es así cómo la iglesia de sociedad sobrenatural se prepara para convertirse en una administración burocrática?

En el Código de derecho canónico se prevé que el Papa puede renunciar a su oficio. Sin embargo, no es menos cierto que esto ha ocurrido sólo en circunstancias gravísimas y raras, y que no sucede desde 1415. La renuncia al pontificado de J. Ratzinger es en consecuencia una novedad absoluta que no se puede comparar con las renuncias del pasado.

¿Cual es, en su opinión, la verdadera causa de la abdicación del “valiente y humilde” Ratzinger?

Salvo las revelaciones de improbables secretos, el motivo de la renuncia es el declarado por el mismo Benedicto XVI: ingravescente ætate, la edad avanzada. Pero ningún Papa renunció jamás por este motivo. Ratzinger quiso en consecuencia cumplir con el dictamen del Vaticano II, aplicado por Pablo VI, que “jubila” a los párrocos y obispos a los 75 años y quita a los cardenales el derecho de voto en el cónclave al cumplir los 80 años. En una visión conciliar y colegial de la Iglesia, también el Obispo de Roma, el Papa, es un Obispo como los otros; la misma jerarquía eclesiástica se asimila así a los funcionarios de las modernas administraciones democráticas o al sistema sinodal del protestantismo. En esta nueva perspectiva “desacralizada” y más igualitaria, es normal que también el Obispo de Roma se vaya como todos los demás.

¿La función papal reducida a “cargo temporal” acentúa la crisis de la autoridad espiritual?

De por sí el gesto de Benedicto XVI es estrictamente personal, pero probablemente se convertirá en un modelo moralmente vinculante para sus sucesores. Quien sueña en una ulterior democratización de la Iglesia, desea verla transformada en una asamblea permanente de iglesias cristianas, dirigida quizás, como presidente, por un papa en ejercicio durante un cierto número de años. Naturalmente, tal hipotética estructura ecuménica ya no sería la Iglesia Católica, y tal presidente de un sínodo permanente no sería un Papa como Cristo lo quiso y como lo conoció toda la tradición cristiana. La idea tradicional del Papado es, para los ecumenistas, el principal obstáculo para la tan deseada unidad: será quitado del medio o, por lo menos, “repensado”.

Incluso la Iglesia es víctima de la concepción evolucionista.

No la Iglesia ciertamente, ya que ella es la columna y el fundamento de la verdad inmutable. Pero los modernistas, que ya a principios del ‘900 sostenían una concepción evolutiva del dogma (una “tradición viva”) y que, con el Vaticano II, se apoderaron de los puestos de mando, querían que la Iglesia estuviese en constante aggiornamento y evolución. Para ellos sólo en la acción, en el devenir, en la evolución, está la vida. Olvidan que la Verdad es Dios, y Dios no cambia. En realidad, están al servicio del mundo.

Ratzinger, considerado a menudo como “ortodoxo” respecto al “globalizador” Wojtyla, ¿ha sido, por el contrario, un ferviente partidario del Concilio Vaticano II, es decir, el enésimo “democratizador” de la Iglesia?

Todos los sucesores de Pablo VI han concebido su misión de una única manera: aplicar las innovaciones del Vaticano II. Y lo hicieron aun frente a la evidencia: llevando a la Iglesia a la ruina. Benedicto XVI, en particular, ha sido muy sensible a la cuestión de la “colegialidad episcopal”; la Iglesia, tal como Cristo la ha querido, no sería una monarquía (primado papal), sino un órgano colegial permanente. Durante el Concilio, el joven teólogo Ratzinger se opuso incluso a la “nota previa”, que moderaba la colegialidad enseñada por Lumen gentium y que Pablo VI había querido para obtener también los votos de los Padres conciliares que, fieles a la Tradición y al Papado, se oponían a la nueva doctrina de la colegialidad episcopal.

¿Qué tipo de Pontífice podría frenar el grave debilitamiento eclesiástico?

Un verdadero Pontífice, digno Vicario de Cristo y Sucesor de San Pedro. Y por tanto un Pontífice que, sabiendo que la vía abierta por el Vaticano II conduce a la ruina, tenga el coraje de volver a la Tradición. Un tal Pontífice sería un milagro de Dios y hallaría ante sí terribles enemigos. Pero me temo que, antes de tal acontecimiento salvífico, tendremos que tocar fondo.

El cisma en la Iglesia entre tradicionalistas católicos y modernistas es profundo y, al parecer, irreparable. ¿“Toda casa dividida perecerá”?

La iglesia no está dividida, es una y no perecerá, porque “las puertas del infierno no prevalecerán”. Los modernistas no son católicos. Están “en las entrañas de la Iglesia”, parafraseando al Papa San Pío X, como un tumor que se anida dentro del cuerpo enfermo. El modernismo no edifica, destruye y se autodestruye. La Iglesia sobrevivirá, pero habrá que extirpar al modernismo agnóstico. La Iglesia podrá ser entonces un gran árbol o, por el contrario, un pequeño rebaño, poco importa, ya que es siempre el rebaño de Cristo.

http://www.secoloditalia.it/2013/02/le-dimissioni-di-ratzinger-novita-assoluta-nessun-papa-aveva-mai-rinunciato-per-leta/

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12 febrero 2013 2 12 /02 /febrero /2013 08:00

En la mañana del 11 de febrero de 2013, durante el consistorio, Benedicto XVI anunció su “renuncia al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de San Pedro”, precisando que la Sede estará efectivamente vacante a partir del 28 de febrero, a las 20 hs.

Único motivo de esta decisión: la ingravescentme ætatem, es decir, la edad avanzada (y no se sabe de la existencia de otras razones).

La renuncia al Sumo Pontificado está prevista –como posibilidad– en el canon 221 del Código de derecho canónico promulgado por Benedicto XV, por lo cual, en sí mismo, una decisión de este tipo no altera la divina constitución de la Iglesia, aunque plantee gravísimas dificultades de orden práctico. Es bien sabido que las raras renuncias del pasado tuvieron lugar en circunstancias de particular gravedad en la historia de la Iglesia, por lo que el gesto realizado hoy por Benedicto XVI no puede ser equiparado con aquellos del pasado.

Se trata en cambio, como lo sugieren las mismas palabras adoptadas ingravescentem ætatem de la voluntad de aplicar también al oficio papal lo que ya el Vaticano II (con el decreto Christus Dominus) y Pablo VI (Motu proprio Ecclesiæ Sanctæ del 6 de agosto de 1966; Motu proprio Ingravescentem ætatem del 21 de noviembre de 1970) habían decidido para los párrocos, los obispos y los cardenales (dimisión al cumplir los 75 años; exclusión del cónclave al cumplir los 80 años para los cardenales).

Aquellas decisiones conciliares y montinianas no tenían solamente el propósito pastoral declarado de evitar tener pastores incapacitados para el ministerio por edad avanzada (y el no declarado de alejar a eventuales opositores a las reformas), sino el de transformar –al menos de facto y a los ojos del mundo una jerarquía sagrada en una administración burocrática similar a las administraciones de los gobiernos de los modernos estados democráticos, o a los ministerios pastorales sinodales de las sectas protestantes. Hoy Joseph Ratzinger completa la reforma conciliar, aplicando incluso a la sagrada dignidad del Sumo Pontificado las modernas categorías mundanas y seculares mencionadas, equiparando también en esto al Papado Romano con el episcopado subalterno. De hecho, es muy probable que la decisión de hoy se convierta en moralmente obligatoria para sus sucesores, haciendo del Papado un cargo “temporal” y  provisorio de presidente del colegio episcopal o, por qué no, del consejo ecuménico de las iglesias.

Al inicio de su “pontificado”, Benedicto XVI insistió efectivamente en el aspecto colegial de la autoridad de la Iglesia: el obispo de Roma es el presidente del colegio episcopal, un obispo entre los obispos; al final de su “gobierno”, Joseph Ratzinger ha querido presentar como cualquier otro obispo conciliar su renuncia.

Pero el 19 de abril de 2005, cuando Joseph Ratzinger fue elegido para el Sumo Pontificado por el cónclave, ¿aceptó verdaderamente, y no solo exteriormente, la elección? Según la tesis teológica desarrollada por el Padre M.L. Guérard des Lauriers O.P. (respecto de Pablo VI y de sus sucesores) esta aceptación no pudo ser más que exterior y no real ni eficaz, ya que el elegido demostró no haber tenido, ni entonces ni después, la intención objetiva y habitual de proveer al bien de la Iglesia y de procurar la realización de su fin. Desde aquel día, Joseph Ratzinger fue sí el elegido del cónclave, pero no formalmente el Sumo Pontífice que gobierna la Iglesia “con” Su cabeza invisible, Nuestro Señor Jesucristo. Con la decisión de hoy, en sintonía con la doctrina y disciplina conciliar y con el vivo sentimiento anti-papal heredado por él del protestantismo alemán y del modernismo agnóstico, del cual ha sido y sigue siendo el máximo exponente, Joseph Ratzinger sólo ha hecho explícito y manifiesto su rechazo a gobernar verdaderamente la Iglesia, y así deja de ser jurídicamente no el Papa, que nunca ha sido, sino el elegido del cónclave y el ocupante material de la Sede Apostólica.

En la ya dramática situación de la Iglesia, el gesto de hoy debilita aún más la barca apostólica sacudida por la tormenta. Es cierto que este gesto reconoce la incapacidad y la no voluntad de Ratzinger de gobernar la Iglesia, pero también es cierto que completa, como se ha dicho, la disciplina conciliar de descrédito de la jerarquía eclesiástica. Sólo la elección de un verdadero Sucesor de Pedro podría poner fin a esta crisis de autoridad, pero la composición del cuerpo electoral hace prever –humanamente hablando– que la noche será aún más profunda y que el alba todavía está lejos. Que Dios nos asista, a través de la intercesión de María Santísima y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo.

Verrua Savoia, 11 de febrero de 2013

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15 enero 2013 2 15 /01 /enero /2013 19:46

Publicamos una nueva versión de la lista, y pedimos, como de costumbre, a los diferentes sitios que han publicado dicho directorio que presenten desde ahora la versión corregida. Les agradecemos a todos.

Para descargar la lista, haga click aquí.

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20 septiembre 2012 4 20 /09 /septiembre /2012 21:02

Para responder a nuestro deseo de mejorar el directorio de centros de misa non una cum que hemos publicado, se nos han transmitido algunas correcciones que queremos tener en cuenta. Es por eso que publicamos una nueva versión de la lista, y pedimos a los diferentes sitios que han publicado dicho directorio que presenten desde ahora la versión corregida. Les agradecemos a todos. A continuación encontrarán el texto de la introducción que puede leerse en este directorio de centros de misa.

Para descargar la lista, haga click aquí.

Nota: Esta es una lista de las capillas y centros de Misa pertenecientes a diferentes grupos y comunidades que profesan íntegramente la fe católica, apostólica, romana, y que en consecuencia sostienen públicamente la vacancia actual de la Sede Apostólica. Por ese motivo, no figuran aquí aquellos que profesan herejías o errores contrarios a la enseñanza de la Santa Iglesia Católica Romana, a su doctrina, a su disciplina o a su teología: como es el caso de aquellos relacionados con los “ortodoxos” o “católicos viejos”; o también con los “conclavistas” o con quienes niegan el bautismo de deseo o niegan la validez de las ordenaciones de Mons. Ngo-dinh-Thuc o de Mons. Lefebvre; o quienes han recibido las Órdenes de manera dudosa o contraria al espíritu y praxis de la Iglesia (como es el caso de los “linajes episcopales” que descienden de “Obispos casados”); o quienes colaboran con la Fraternidad San Pío X o con las comunidades “Ecclesia Dei” o “Motu proprio”. Los centros de Misa de esta lista no pertenecen a nadie que, según nuestros conocimientos, esté incluido en las categorías que acabamos de mencionar. Toda ayuda en orden a mejorar, completar o corregir esta lista –que tenga en cuenta los criterios expuestos– es bienvenida.

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24 julio 2012 2 24 /07 /julio /2012 16:42

Algunos dan por inminente la firma de un acuerdo canónico entre los modernistas y la FSSPX. El Instituto Mater Boni Consilii durante años ha explicado cómo la posición de lefebvrista conduce a un callejón sin salida: o el compromiso con aquellos que son considerados la autoridad legítima de la Iglesia; o el persistir en la praxis cismática (desobedecer habitualmente a la denominada “legítima autoridad”) típica de una petit église”. A pesar de las suposiciones más o menos fundadas de algunos vaticanistas, no es posible saber con certeza si, y cuando, se realizará el acuerdo canónico.  

En cambio, podemos y debemos constatar lo que está ahora ante los ojos de todos: la frecuentación, cada vez más asidua, por parte de la FSPX, de los ambientes conciliares conservadores; compuestos, no lo olvidemos, por aquellos que son los “guardianes” del Concilio, los defensores de las jornadas ecuménicas de Asís, los partidarios de la legitimidad y validez de los nuevos ritos, etc., todos en comunión con Benedicto XVI.

Pero la desviación de la FSPX no se detiene en este nivel, ya que se está consolidando la colaboración también con personajes relacionados con la organización brasileña TFP [tradición, familia, propiedad], considerada por muchos como sectaria, y sus múltiples siglas y satélites presentes en Italia, precisamente entre las filas de los conservadores. Y sin embargo la fe y el sentido común bastarían para mantenerse alejados de ambientes semejantes. Parecería que a fuerza de usar el misal del “beato Juan XXIII”, algunos están asimilando el principio roncalliano de “busquemos lo que nos une y no lo que nos divide”...

Recuerdo que el católico está radicalmente separado de los modernistas (progresistas o conservadores, con el rito antiguo o nuevo, en mangas de camisa o con hábito eclesiástico) por la profesión de Fe. Consideradas superables, al menos en el plano de la colaboración práctica, las divergencias doctrinales, ahora entonces se abren algunos espacios (aunque marginales) bajo argumentos en sí buenos y loables, pero que se convierten en la ocasión para hacer confluir, confundir y luego disolver a los católicos teóricamente anti-modernistas en la “derecha” del modernismo. Se trata de un mecanismo particularmente peligroso, sobre todo para los más idealistas, los más generosos y los más ingenuos, que merecerían ser guiados (y primero entonces formados doctrinalmente) de manera diferente.

Un ensayo general será una manifestación “pro-vida”, donde los lefebvristas se hallarán junto a institutos sacerdotales Ecclesia Dei, a una congregación Novus Ordo de frailes conservadores, a grupos del estilo “Timone-Bussola [timón-brújula/publicaciones católicas conservadoras italianas], a la TFP y a la “Fundación Lepanto”, ¡e incluso junto al “Opus Dei” y a los Legionarios de Cristo! Entre otras cosas, sería interesante preguntar a los “lepantinos” y a los “timoneros” su opinión acerca de la vida y las condiciones en las que se ven obligados a vivir –y a morir– los niños palestinos. La relectura del artículo del Padre Francesco Ricossa, publicado en el n° 64 de Sodalitium, referente a las ediciones “Lindau” y “Fede e Cultura”, permitirá profundizar la cuestión de la absorción de la FSPX por grupos modernistas conservadores y los inquietantes lazos de algunos personajes de estos grupos con ambientes sectarios.  

Entrando entonces en la cuestión específica de la defensa de la vida, desde siempre y con mucho celo, las asociaciones “tradicionalistas” se han comprometido en este frente, consecuencia de su combate doctrinal. En Italia el divorcio y el aborto han vencido gracias a las concesiones del modernismo político de la Democracia Cristiana, y del modernismo religioso en el interior de la “Jerarquía” (entre otras cosas, la posición sostenida en el referéndum de 1981 marcó el pasaje de “Alleanza Cattolica del frente anti-modernista a la carroza conciliar. Roberto de Mattei tuvo el mérito de oponerse a Giovanni Cantoni, pero permaneció devoto discípulo de Plinio de Oliveira…).  

Actualmente la situación no ha cambiado. La CEI [conferencia episcopal italiana] podría emprender una batalla enérgica sobre este tema, pero se guarda bien de hacerlo (el “cardenal” Bagnasco prefiere bendecir al gobierno Monti); los políticos “católicos” susurran vagos compromisos “por la vida” durante las campañas electorales, y el grupo inter-parlamentario que se ha constituido recientemente no se asemeja precisamente a un ejército de cruzados. Sin embargo, la derecha ratzingeriana habla de un número cada vez mayor de “cardenales” y “obispos” tradicionalistas (varios de los cuales adhieren a las manifestaciones mencionadas arriba), confundiendo quizás la defensa del dogma con las capas magnas revestidas en un uso acaso demasiado teatral del Misal Romano. Si los prelados en cuestión fueran verdaderamente como se los describe, sería sorprendente la ausencia sistemática, en sus diócesis, de acciones vigorosas contra el crimen del aborto. Y antes de eso, o al menos en paralelo, de acciones contra los errores en materia religiosa presentes en los textos del Concilio y en el “magisterio” de Benedicto XVI.  

La verdad es que entre los conservadores se ha creado una idea de la restauración en la iglesia que no coincide con la realidad. Se podrán extrapolar sistemáticamente las frases “católicas” de los textos modernistas de Ratzinger, se podrá intentar defender lo indefendible, justificar lo injustificable y realizar impresionantes acrobacias para conciliar lo inconciliable, podrán mentir a los demás y a sí mismos, podrán preferir la carrera, los espacios periodísticos y los éxitos editoriales al testimonio de la fe, pero no se puede cambiar la realidad objetiva de las cosas. Benedicto XVI, y todos aquellos que en el episcopado están en comunión con él, prosiguen la obra nefasta del Concilio, con la enseñanza de errores que ofenden a Nuestro Señor, contradicen la fe católica y el magisterio de los Papas hasta Pío XII, provocando gravísimo daño a las almas. La contrarreforma doctrinal y litúrgica de Ratzinger existe entonces sólo en la imaginación de los conservadores-tradicionalistas de la derecha conciliar.

Todo esto me recuerda el título de una canción interpretada por Edoardo Bennato, l’isola che non c’è” [la isla que no existe]. Una isla, sin embargo, con muchas rocas traicioneras, contra las cuales podrían estrellarse el clero y los fieles de la Fraternidad, antes incluso de que su capitán realice la esperada y definitiva reverencia ante Benedicto.

8 de mayo de 2012

Padre Ugo Carandino

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13 junio 2012 3 13 /06 /junio /2012 21:36

¿La existencia de Dios? Una opción no demostrable (por J. Ratzinger)

Palabras de Joseph Ratzinger el 6 de abril de 2006 a jóvenes de la diócesis de Roma, en preparación a la XXI jornada mundial de la juventud:

Por último, para llegar a la cuestión definitiva, yo diría: Dios o existe o no existe. Hay sólo dos opciones. O se reconoce la prioridad de la razón, de la Razón creadora que está en el origen de todo y es el principio de todo –la prioridad de la razón es también prioridad de la libertad– o se sostiene la prioridad de lo irracional, por lo cual todo lo que funciona en nuestra tierra y en nuestra vida sería sólo ocasional, marginal, un producto irracional; la razón sería un producto de la irracionalidad. En definitiva, no se puede “probar” uno u otro proyecto, pero la gran opción del cristianismo es la opción por la racionalidad y por la prioridad de la razón. Esta opción me parece la mejor, pues nos demuestra que detrás de todo hay una gran Inteligencia, de la que nos podemos fiar”.

(http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2006/april/documents/hf_ben-xvi_spe_20060406_xxi-wyd_sp.html).

En consecuencia, para Joseph Ratzinger, la existencia de Dios no es más que una opción persuasiva pero no demostrada, lo cual es contrario al juramento anti-modernista (DS 3538) que Ratzinger también pronunció el día de su ordenación: profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que han sido hechas (Rom. I, 20), es decir por las obras visibles de la creación, como la causa por su efecto, y contrario también al Concilio Vaticano I (DS 3026, Constitución dogmática Dei Filius): “Si alguno dijere que Dios, uno y verdadero, nuestro creador y Señor, no puede ser conocido con certeza a partir de las cosas que han sido hechas, con la luz natural de la razón humana: sea anatema”.

      (“Sodalitium”, ed. fr., n° 64)

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24 mayo 2012 4 24 /05 /mayo /2012 14:30

El 9 de mayo del corriente año se hizo público un intercambio de correspondencia entre los obispos consagrados por Mons. Lefebvre en 1988, acerca de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y de la eventualidad de aceptar la propuesta de reconocimiento canónico, con ciertas condiciones, de dicha Fraternidad por Benedicto XVI. Más precisamente, se trata de una carta del 7 de abril del 2012, dirigida al Consejo general de la FSSPX por los obispos Alfonso de Galarreta, Bernard Tissier de Mallerais y Richard Williamson, y de la respuesta del 14 de abril firmada por los tres miembros del Consejo general: Mons. Bernard Fellay, Superior General, y sus dos asistentes, Niklaus Pfluger y Marc-Alain Nély. La autenticidad de las cartas fue confirmada el 11 de mayo por un comunicado de la Casa Generalicia de la FSSPX, que acusó de falta grave al anónimo divulgador de la correspondencia. La primera consecuencia oficial de la revelación de la carta de los tres obispos fue tomada ayer, 16 de mayo, durante la habitual reunión de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que decidió que “respecto a las posiciones adoptadas por los tres obispos de la Fraternidad San Pío X, su situación deberá ser tratada separada y singularmente” (separadamente de la de Mons. Fellay).  

A una primera lectura, los autores de la carta del 7 de abril parecen estar –desde un punto de vista doctrinal, pastoral y también humano– en las antípodas de su colega y superior Mons. Fellay, y viceversa. Los tres primeros se oponen valientemente a la doctrina del Vaticano II y a aquella “subjetivista” de Joseph Ratzinger; estiman por lo tanto imposible un acuerdo doctrinal e inaceptable un acuerdo práctico con Benedicto XVI, y consideran que dicho acuerdo conducirá a la FSSPX a la ruina. Por el contrario, Mons. Fellay y sus asistentes piensan que el Vaticano II debe solamente ser interpretado según la Tradición, según la intención manifestada por Benedicto XVI, y que rechazar el reconocimiento canónico de la FSSPX equivale de hecho a tomar una posición cismática, si no sedevacantista, al rechazar la autoridad del Papa. De allí la tentación de los católicos de alinearse del lado de una u otra parte de los dos ejércitos en batalla.

En realidad, los cuatro obispos consagrados por Mons. Lefebvre están menos alejados entre ellos de lo que parece: llegan a conclusiones opuestas, pero lo hacen partiendo de los mismos principios. En efecto, los cuatro sostienen, al menos de hecho, como primera, última y suprema referencia la autoridad de Mons. Lefebvre –del cual se proclaman herederos– más que la de la Iglesia. Los cuatro se dicen en comunión con Joseph Ratzinger-Benedicto XVI. Los cuatro consideran, al menos de hecho, que la Iglesia y su Jefe visible, el Papa, son falibles, y que en los últimos cincuenta años (si no incluso constantemente, desde San Pedro, como pretende Roberto De Mattei en su ensayo “Apologia della Tradizione”), han caído en el error. Sus divergencias son atribuibles al hecho de que ponen de relieve uno u otro aspecto de la doctrina y praxis de Mons. Lefebvre: la existencia de errores en el Vaticano II, por un lado; la legitimidad de los “Papas” que difundieron y confirmaron estos errores, por el otro (con la consecuencia, común a ambos, que la Iglesia y el Papa serían –a veces sí, a veces no– fuente de errores).

  La historia de la Fraternidad, dijo un día Mons. Lefebvre, es la historia de sus cismas. La causa principal de estos cismas, que llegaron ahora a la cima de esta sociedad, debe buscarse en la posición existente desde su fundación y adoptada luego definitivamente por la FSSPX entre 1979 y 1981: atribuir los errores “conciliares”, que no son otra cosa que la reedición del Modernismo condenado por San Pío X como la reunión de todas las herejías (y en consecuencia como una “súper-herejía”, según la expresión condenada por Mons. Fellay), al Papa legítimo y a la Iglesia, y entonces, en última instancia, al mismo Cristo que gobierna Su Iglesia, y al Espíritu de Verdad.

¿Qué sucederá, quizás dentro de poco? No somos profetas. Sin duda, una vez más, los Modernistas han logrado hábilmente sembrar la división.

¿Cuáles son los riesgos que, al término de este análisis, denuncia nuestro Instituto?

El primero: que una buena parte de los fieles, detrás de Mons. Fellay, siga el proceso –comenzado desde hace mucho tiempo– de aceptación de la teoría y de la praxis del Modernismo agnóstico ratzingeriano.

El segundo: que una u otra parte de los fieles, detrás de los otros tres obispos, o solamente de uno de ellos, siga el proceso ya avanzado de constitución de una pequeña iglesia galicana, hostil casi instintivamente al Papado y a la Iglesia Romana.

El tercero (pero no el último): que unos y otros persistan en los principios erróneos que Mons. Lefebvre, conscientemente o no, puso a la base de su edificio, y que han conducido al actual desastre. Un pequeño error en los principios se vuelve grande en sus conclusiones, y un edificio construido sobre la arena no resistirá a la prueba de los hechos.  

Nuestro Instituto denuncia los errores modernistas que comenzaron con el Vaticano II y las reformas que le siguieron.

Afirma que tales errores no pueden venir de la Iglesia ni de un Pontífice legítimo. Recuerda que no se puede estar en comunión con quien no profesa íntegramente la Fe Católica.

Pone en guardia contra los errores profesados desde siempre por la FSSPX y por sus comunidades amigas, sea que estos errores lleven a un acuerdo con los Modernistas, sea que lleven contrariamente, siguiendo a uno o a varios obispos, a una resistencia a aquellos que son considerados como las autoridades legítimas.  

Constata que la tesis teológica sobre la situación actual de la Autoridad en la Iglesia de Mons. Guérard des Lauriers O.P., es hoy y siempre la más adecuada para fundar sólidamente la perseverancia en la Fe, y entonces poder enfrentar y vencer, con la gracia de Dios y la intercesión de María, a la herejía modernista que arruina y pierde las almas.    

Padre Francesco Ricossa

Verrua Savoia, 17 de mayo de 2012, Ascensión del Señor

Fuente: www.sodalitium.it

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6 mayo 2012 7 06 /05 /mayo /2012 21:16

Nos complace presentarles una lista o directorio de los centros en los que se ofrece la Oblatio Munda a través del mundo, el mismo se encuentra en varias lenguas.  

Para descargar el documento, haga click aquí.

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