Dossier Ratzinger: Cuando el Rin desemboca en el Tíber
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Sitio dedicado a todos los fieles católicos preocupados por la crisis de la Iglesia que, desorientados y confundidos por la situación, desean hallar alguna respuesta a los interrogantes que se formulan.
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La presente es traducción de un artículo publicado por el sitio web Études Antimodernistes, con ciertas variaciones.
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• Esta página presenta de una manera no exhaustiva los estudios publicados al día de hoy sobre la Tesis de Cassiciacum. La finalidad es ofrecer una visión de conjunto, así, el lector es remitido a diferentes documentos para profundizar cada cuestión. Algunos de ellos son difíciles de encontrar y su difusión no es libre. No obstante, los publicados más recientemente son fáciles de consultar (la mayor parte de ellos se hallan en la excelente revista Sodalitium), por lo que gozarán de preferencia.
• Los estudios que prueban rigurosamente el cambio doctrinal sustancial introducido por el Vaticano II no son aquí enumerados, pero se los supone, ya que la Tesis de Cassiciacum se funda en parte sobre esa constatación.
• Esperamos que el presentar aquí, de forma más o menos organizada, estos diferentes documentos, ayudará poderosamente, con la gracia de Dios, a la comprensión y difusión de la Tesis de Cassiciacum, la única explicación teológica válida del estado actual de la autoridad en la Iglesia.
• Queremos rendir con esto un homenaje a Mons. Guérard des Lauriers, cuya vida y muerte fueron descriptas edificantemente por el Padre Murro (Sodalitium nº 18, edición francesa; véase en español aquí y aquí).
> Entrevista a Monseñor Guérard des Lauriers
Sodalitium nº 13, ed. fr.; véase en español aquí, tomado de Sodalitium nº 13.
La Tesis de Cassiciacum explicada por su propio autor.
> El Papado Material
Por el Padre (hoy Monseñor) Donald J. Sanborn. El estudio original fue redactado en latín, en dos partes (pars Iª-pars IIª), pero una versión francesa fue publicada en tres partes (Sodalitium nros. 46, 48 y 49, ed. fr.; véase en español aquí, de las ediciones de la Revista Integrismo).
Con una finalidad didáctica, este largo estudio escolástico (que se ha vuelto un clásico), después de haber presentado la distinción, tradicional en teología, entre el aspecto material y el aspecto formal del Papado, retoma el conjunto de los principios que sostienen la Tesis de Cassiciacum, los cuales explica progresivamente, para luego exponer y demostrar la Tesis sostenida; después de ello, son refutadas una docena de objeciones. Es, en suma, un documento clave para un estudio teológico profundo sobre la Tesis de Cassiciacum.
> Explicación de la Tesis de Mons. Guérard des Lauriers
Por Monseñor Donald J. Sanborn. Catholic Restoration, 2003; véase en español aquí.
Un resumen-complemento del contenido ya recogido en El Papado Material.
> «Le Sel de la terre» y el sedevacantismo
Por el Padre Francesco Ricossa. Sodalitium nº 52, ed. fr.; véase en español en Integrismo nº 22, págs. 3-20.
Luego de una mala presentación de la Tesis, sin presentar sus argumentos, Le Sel de la terre objeta que la Tesis es una novedad, que no resuelve el problema de la visibilidad de la Iglesia, que es filosóficamente imposible. La misma revista pretende alegar que el Vaticano II no fue impuesto con autoridad, así como tampoco las leyes litúrgicas y canónicas que le sucedieron (uno se pregunta, entonces, por qué los Padres de Avrillé se ven obligados a vivir “fuera de la ley”), volviendo a relucir la teoría écôniana de la “universalidad en el tiempo” como condición de la infalibilidad del magisterio ordinario universal. Además, siempre según la misma revista, la enseñanza del Vaticano II no tendría vínculo con la Fe Católica (¿por qué resistirla, entonces?). El Padre Ricossa se toma el trabajo de analizar todos estos errores, por lo que sería deseable que los Padres de Avrillé también se tomaran el trabajo de estudiar –seriamente– la Tesis del Padre Guérard des Lauriers, bajo la égida de quien ellos hicieran antiguamente sus primeros pasos.
> Respuesta al número especial de La Tradizione cattolica sobre el sedevacantismo
Por el Padre Francesco Ricossa. Sodalitium nº 55, ed. fr.; véase en español aquí.
Esta respuesta se dio en reacción a un intento de refutación del sedevacantismo por La Tradizione cattolica, de la Fraternidad San Pío X, y recuerda la importancia de la sumisión al Papa para la salvación, refuta la pretensión de “posición prudencial” de la Fraternidad, profundiza el aspecto histórico del sedevacantismo (aparecido, por lo menos, en 1962) y sobre la ruptura con la Fraternidad. En una cuarta parte, el Padre Ricossa analiza y resuelve algunas objeciones teológicas fundadas en la indefectibilidad de la Iglesia (especialmente la grave cuestión de la permanencia de la Iglesia docente y del poder de jurisdicción), luego responde a otras objeciones secundarias. Es un buen estudio para ver otros aspectos de la Tesis de Cassiciacum y la contestación a un buen número de objeciones.
> La Tesis de Cassiciacum en cuestión. Respuesta a La Tour de David y a Le Sel de la terre
Por el Padre Francesco Ricossa. Sodalitium nº 55, ed. fr.; véase en español aquí.
Una respuesta rápida a algunas objeciones, a menudo ya refutadas en cuanto al fondo, pero reformuladas.
> ¿Una consagración episcopal válida es necesaria para ser Papa?
Por el Padre Francesco Ricossa. Sodalitium nº 62, ed. fr.; véase en español en Integrismo nº 17, págs. 5-14.
Respuesta a la objeción: «Si el nuevo rito de consagración episcopal es inválido, entonces Joseph Ratzinger, consagrado precisamente con ese rito, no sería obispo. Y como el Papa es obispo de Roma, quedaría demostrado por el hecho mismo y por este único argumento que Joseph Ratzinger tampoco es Papa [con más razón, Jorge Bergoglio, n.d.t.]. Finalmente, con el mismo argumento, se quisiera demostrar que la Tesis de Cassiciacum, defendida y expuesta por el Padre Guérard des Lauriers, y, según la cual, el ocupante de la Sede Apostólica (al menos desde 1965) no es formalmente Papa, aunque permanece siéndolo todavía materialmente, habría perdido toda validez y probabilidad precisamente con la elección de Joseph Ratzinger, el cual, no siendo obispo (consagrado), no podría ser ‘papa’ ni siquiera materialmente».
> La elección del Papa
Por el Padre Francesco Ricossa. Sodalitium nº 54, ed. fr.; véase en español en Integrismo nº 24, págs. 6-19.
La objeción habitual de la imposibilidad de una elección canónica de un futuro Papa, no halla una respuesta satisfactoria en el sedevacantismo estricto (es decir, aquél que sostiene una vacancia formal y material de la Santa Sede), ello a pesar del recurso a la idea del concilio general imperfecto, evocado por el Cardenal Cayetano. En ausencia de cardenales, el teólogo Cayetano no concede, en efecto, el derecho de elegir al Papa ni a los obispos sin jurisdicción, ni a los simples laicos, sino al concilio general imperfecto (compuesto por obispos residenciales con jurisdicción). En el orden establecido por la Divina Providencia, el Papa no puede tampoco ser designado directamente por el Cielo. En consecuencia, la Iglesia no puede quedar totalmente privada de electores del Papa. El Padre Ricossa expone entonces nuevamente la respuesta satisfactoria dada por la Tesis de Cassiciacum a esta objeción. Este artículo suscitó algunas reacciones, que también comenta el Padre Ricossa (Sodalitium nº 55, ed. fr.; véase en español en el mismo nº 24 de la revista Integrismo, a continuación del artículo aquí tratado, págs. 19-21).
Como todos saben, el 16 de julio de 2021 se publicó la “carta apostólica en forma de motu proprio” Traditionis custodes, acompañada de una carta del actual ocupante de la Sede Apostólica a sus obispos (los “guardianes de la Tradición” mencionados anteriormente), por la cual -con inusitada prisa, promulgando inmediatamente el documento sólo con una publicación en L’Osservatore Romano- se revocan las concesiones realizadas por su predecesor con el “motu proprio” Summorum Pontificum cura del 7 de julio de 2007.
Respecto a este nuevo “motu proprio”, continúan siendo válidas las reflexiones y conclusiones que ya expresáramos con motivo del anterior, ahora parcialmente revocado: https://www.sodalitium.biz/comunicato-riflessioni-sul-motu-summorum-pontificum-2/
Los dos documentos se encuentran en evidente oposición, y quizás no solo en las decisiones pastorales (uno revoca las concesiones del otro) sino también en una cuestión de principio: es decir, saber si el Rito Romano tendría dos formas litúrgicas (la ordinaria y la extraordinaria, según los términos del documento de 2007) o si su única expresión es la del rito reformado (como afirma el documento actual, haciéndose eco de las declaraciones de Pablo VI en el consistorio del 24 de mayo de 1976).
Sin embargo, tienen un punto común fundamental: tanto el m.p. Summorum Pontificum como el m.p. Traditionis custodes, exigen de quienes utilizan el misal romano de 1962 (de Juan XXIII) que reconozcan la legitimidad, validez y santidad de la reforma litúrgica en aplicación del Concilio Vaticano II. Respecto de este punto, los dos documentos sólo se diferencian en esto: el m.p. del 2007 supone la aceptación del Concilio y la Reforma litúrgica por parte de quienes harán uso de sus concesiones, mientras que el m.p. del 2021 revoca dichas concesiones porque pretende constatar una difusa no aceptación de las anteriores.
Ahora bien, una de dos cosas: o los que utilizan el misal romano (de 1962) reconocen la autoridad de los ocupantes de la Sede Apostólica desde 1965 en adelante, y en consecuencia la legitimidad, validez y santidad del misal reformado, y el valor magisterial de los documentos del Vaticano II, o no.
En el primer caso, no se ve por qué experimentan dificultades para celebrar con el rito reformado, o para asistir a él, con espíritu de obediencia al que consideran Vicario de Cristo y Sucesor de Pedro, quien, entre otras cosas, expresó el voto de que todos acaben adoptando el misal de Pablo VI: un rito de la Iglesia, promulgado por la autoridad de la Iglesia, además, sólo puede ser legítimo, válido y santo. En el segundo caso, el m.p. Traditionis custodes tendría razón en esto (los dos ritos son inconciliables) y los sacerdotes y fieles a la tradición católica deberían rechazar coherentemente cualquier concesión basada en la aceptación del Vaticano II y los nuevos ritos, y no deberían hacer uso de dichos motu proprio, ni del de 2007 ni del actual.
Ahora bien, el nuevo rito de la Misa (y de los sacramentos) fue redactado explícitamente en el espíritu del movimiento ecuménico avalado por el Vaticano II: es decir, se propone no la defensa de las verdades de la Fe, especialmente el sacrificio de la Misa, el sacerdocio, la Transubstanciación, sino salir al encuentro de quienes rechazan estas verdades de fe, siguiendo a Martín Lutero (el heresiarca homenajeado por los últimos ocupantes de la Sede Apostólica, en particular por el autor de Traditionis custodes); por tanto, no puede ser un rito de la Iglesia, ni entonces provenir de una autoridad legítima de la Iglesia.
En resumen: la clave de todo consiste en reconocer la legitimidad de Pablo VI que promulgó la “constitución apostólica” Missale Romanum, reconocida la cual (como hace la misma Fraternidad San Pío X, beneficiada como nunca, paradójicamente, por el autor de Traditionis custodes) se sigue inevitablemente el deber de reconocer la legitimidad, validez y santidad de la reforma litúrgica en su conjunto, y la necesidad, más allá de las argucias de los canonistas, de ajustarse a las disposiciones del m.p. Traditionis custodes.
Con base en estas consideraciones, concluimos:
- El m.p. Traditionis custodes -así como el m.p. Summorum Pontificum y la “constitución apostólica” Missale Romanum- no es un documento de la Iglesia. Por lo tanto, no se le debe obediencia o desobediencia, ni debe ser eludido, sino ignorado.
- El m.p. Traditionis custodes, aunque no es una expresión del derecho y doctrina de la Iglesia, es sin embargo un testimonio insigne de la profunda aversión de los neomodernistas y ecumenistas filo-luteranos contra la liturgia inmemorial de la Iglesia Romana, manifestando así la incompatibilidad de los dos ritos: los reformadores quieren hacer desaparecer el rito católico, los católicos deben obtener de Dios y de un Pontífice legítimo que el reformado sea expulsado de nuestras iglesias y de nuestros altares.
- “No se puede servir a dos señores”. El m.p. Traditionis custodes confirma la imposibilidad de estar y celebrar en comunión con quien tiene como finalidad declarada la supresión de la Misa y los sacramentos de la Iglesia.
- “No se puede servir a dos señores”. El m.p. Traditionis custodes puede tener el efecto benéfico involuntario de abrir los ojos a los que dudan y de poner fin a las celebraciones “tradicionales” que a menudo son dudosamente válidas y, en cualquier caso, siempre objetivamente engañosas, dado el supuesto de la aceptación del Vaticano II y la reforma litúrgica.
- En consecuencia, los sacerdotes del Instituto Mater Boni Consilii continuarán celebrando tranquilamente el Santo Sacrificio de la Misa y administrando los Santos Sacramentos sin estar en comunión con los ocupantes materiales, pero no formales de la Sede Apostólica, siguiendo los venerados libros litúrgicos de la Iglesia Católica Romana promulgados por el Papa San Pío V y sus sucesores, y según las rúbricas de San Pío X.
Verrua Savoia, 21 de julio de 2021
Homilía del 18 de julio del 2021 sobre el mismo tema: Omelia del Rev. Don Francesco Ricossa del 18.07.2021, 8° d. Pentecoste - YouTube
Por el Padre Francesco Ricossa
Los primeros encuentros
Era el 24 de septiembre de 1986, fiesta de Nuestra Señora de la Merced. El P. Munari y yo habíamos llegado con antelación a Raveau, un pequeño pueblo perdido en la región de Nevers, y esperábamos frente al cementerio, a la entrada del pueblo, la hora del encuentro fijado con Mons. Guérard des Lauriers, que debía regresar de uno de sus muchos trabajos sacerdotales. Estábamos lejos de imaginar que poco tiempo después, una serie de acontecimientos providenciales, algunos felices y otros tristes, nos traerían de regreso a este cementerio para acompañar a Monseñor en su último viaje aquí abajo, y que ese día íbamos a llorarlo como a nuestro Padre inolvidable, después de una relación tan breve como intensa.
En ese momento ninguno de nosotros lo conocía. […] Sin embargo, lo había visto en oración en la capilla de Ecône (en 1975 o 76, no recuerdo) un domingo por la tarde durante las vísperas. Pero, de hecho, el Padre Guérard era para mí, como para todos, un extraño. Cuando los primeros de nosotros comenzaron su seminario en Ecône, en octubre de 1977, el Padre Guérard venía de terminar la predicación del retiro de los seminaristas. Las autoridades de Ecône no tardaron en hablarnos de él, mal, obviamente: un loco, un cismático, un enemigo de Mons. Lefebvre. La mayoría ignoraba que él había escrito el “Breve examen crítico del Novus Ordo Missæ”, o que había sido un faro de la teología. Sus estudios, publicados en los “Cahiers de Cassiciacum”, estaban prohibidos en Ecône, quien los leía vivía presa del pánico de ser expulsado, o, digamos, en la angustia de tener que confesarlo cuanto antes a su director espiritual como un pecado.
Era entonces un desconocido, y peor que un desconocido, aquel a quien solo conocíamos a través de la denigración sistemática de Ecône, donde él había sido sacrificado en el altar de la “reconciliación” con “Roma”. Después de nuestra providencial salida de la Fraternidad, muchos de nosotros leímos por primera vez los escritos de Mons. Guérard des Lauriers; la verdad salía a la luz, pero aún quedaban algunos puntos oscuros que sólo los contactos personales nos parecían poder dilucidar... Y así, en ese día dedicado a la Santísima Virgen, nos encontramos frente al portón de la residencia de Mouchy en Raveau.
Tan pronto como llegó, cada uno de nosotros celebró la Misa a la que él asistió. Notamos la austeridad de los lugares y el abandono en el que vivía, a pesar de la dedicación de la Srta. Mandon y del joven Pierre Cazalas, desde hacía poco con él como estudiante. Conocimos a un hombre probado por tanto sufrimiento y abandono... y sin embargo fiel, y con la respuesta exacta a todas las preguntas.
Salimos de nuevo el día 25 hacia otros lugares; el contraste nos impactó en favor de Mons. Guérard des Lauriers, el cual, acostumbrado a las decepciones, sin duda se sorprendió un poco al vernos regresar el 30 de septiembre, a pesar de los intentos de algunos para disuadirnos.
Me excuso por contar un hecho personal aquí, pero todavía me conmueve pensar en ello. Ese día también celebramos la Misa en Raveau, pero uno de los dos jóvenes que estaban con Monseñor se había ido y yo no tenía entonces acólito. Estaba a punto de comenzar cuando vi a Mons. Guérard arrodillado a mis pies. Él me sirvió la Misa, ese obispo de ochenta y ocho años, ese eminente teólogo, permaneció todo el tiempo de rodillas como el más pequeño y piadoso de los seminaristas, absorto en la adoración...
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Al despedirnos nos bendijo y bendijo a nuestro Instituto Mater Boni Consilii. Estoy persuadido de que el Instituto nació “formaliter” ese día, ¡bajo esa bendición y por la oración de quien Dios había destinado para defender y transmitir la Oblación Pura!
Desde nuestro primer encuentro nos dijo: “No creo estar equivocado, les ruego que me presenten todas sus dificultades y todas sus dudas y, si nos ponemos de acuerdo y lo desean, podremos colaborar” (25/9/86).
El 17 de octubre todo el Instituto (los cuatro sacerdotes y G. Coradello) se dirigió a Villard-Laté, no lejos de la frontera donde el Padre Guérard quería pasar sus últimos años como eremita, si, por el contrario, la Providencia no lo hubiera llamado al combate. Era claro para todos que el Instituto había encontrado al Padre, al Obispo, al Doctor que buscaba, verdadera figura de Jesús. Desde entonces, los encuentros serían más frecuentes y la unión más estrecha.
La Tesis en Sodalitium
En mayo de 1987 salió el nº 13 de Sodalitium que publica “una importante entrevista” con Mons. Guérard des Lauriers. Era el fruto de un largo trabajo, para nosotros y para él, que pasaba noches enteras fatigándose sobre su texto. Era mucho más que una simple entrevista. Monseñor ofrecía, quizás por primera vez, una síntesis orgánica de su pensamiento incluyendo todos sus desarrollos (desde la “Tesis” sobre la Autoridad hasta la posición sobre las consagraciones) en una presentación fácilmente accesible. Sinceramente, pienso que es fundamental conocer este texto, que algunos podrían considerar marginal, para poder comprender bien a Mons. Guérard y su posición. Su alegría al leer las preguntas que le hicimos para la entrevista fue completa: “Nunca -nos dijo- he visto un texto como este, es magnífico”. Apreciaba especialmente que se le diera la oportunidad de exponer a todo el mundo, incluso a los fieles menos formados, la Verdad con sus exigentes consecuencias prácticas. Este pensamiento aflora especialmente en su última respuesta, que concierne al Instituto y que transcribo:
“Estoy feliz de manifestar al Instituto y a sus miembros mis votos sobrenaturales y mi ferviente simpatía. No puedo más que aprobar la finalidad del Instituto, visto que comporta la difusión entre los fieles de aquello que precisamente creo ser la verdad, y de lo cual se ha recordado arriba lo esencial.
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Aprecio por encima de todo y doy gracias a Dios de que los Sacerdotes del Instituto tengan la lealtad y el valor de explicar la verdad a TODOS, sin excepción. “Los pobres son evangelizados” (Mat. XI, 5). Es el signo último que el mismo Jesús dio a Juan, cuyos discípulos vinieron a preguntarle: “¿Eres tú Él que ha de venir o debemos esperar a otro?” (Mat. XI, 2). El signo crucial de que el Instituto viene de Jesús es que respeta a los humildes. “Tratarlos con consideración”, “no inquietarlos”, es en el fondo despreciarlos, como si solo uno mismo fuese tan penetrante como para comprenderlo todo y tan fuerte como para sobrellevarlo; es apoyarse en uno mismo y no en la salvación por la verdad. “Veritas liberavit vos” (Jn. VIII, 32); ¡Veritas! ¡non mendacium! Algunos profesan “en principio” la verdad respecto de la situación de la Iglesia, pero se dedican a ocultar esta “profesión de Fe” y se separan ostensiblemente de quienes la proclaman claramente... “opportune et importune” (II Tim. IV, 2). El Instituto “Mater Boni Consilii” ha sido concebido y ha nacido en la Caridad de la Verdad. Dominus incipit, Ipse perficiat.
Monseñor entre nosotros (13-17 de junio de 1987)
Los tiempos estaban maduros para que Monseñor viniera entre nosotros, a Turín, Nichelino, Orio.
Él mismo eligió la fiesta de la Santísima Trinidad (que caía el 14 de junio), en homenaje a este misterio que contemplaba y adoraba incesantemente. Durante el solemne oficio pontifical, antes de las Confirmaciones, Monseñor pronunció la homilía (cf. Sodalitium nº 14, pág. 7). Hablando en esta ocasión de nuestro Instituto dijo: “Entonces lo primero que hay que hacer es reconocer lo que es: la Verdad, por eso no puedo dejar de renovar mi agradecimiento […] al Instituto, porque hasta el presente yo era la voz que clama en el desierto.
Cierto, hemos tenido reuniones para exponer una tesis, pero comunicar la Verdad a vosotros, pueblo cristiano, invitar a los fieles a asumir sus propias responsabilidades no en un auditorio reservado y seleccionado, sino diciendo la Verdad a todos, como en la plaza pública, hasta donde sé, esto aún no se había hecho. Por eso estoy muy feliz de escuchar ahora un eco en el desierto donde yo había permanecido hasta ahora”.
Después de las Confirmaciones (el 14) se quedó con nosotros para predicar un retiro inspirado en el Monfort. Pero la última instrucción (la 17) no se terminó. Se refería a nuestro Instituto al hablar de la “Oración abrazada”. Estaba tan conmovido que no pudo continuar. Esta emoción, este silencio, fueron para nosotros más elocuentes que muchas palabras.
Unos días después nos escribió (en una vieja hoja con membrete de Ecône, en la que añadió al margen: “¡In memoriam!”, en recuerdo):
“Queridos amigos:
Mi deber fue y sigue siendo agradecerles - la hospitalidad que me han brindado permanece, en sus más mínimos detalles, inscripta en mí... como una llamada permanente a la oración que no dejo de hacer por ustedes, por vuestra MISSIO que es, así lo creo, la misma de la Iglesia, Cuerpo Místico de JESÚS - “Nolite timere, pusillus grex, QUIA...” - la razón dada por JESÚS MISMO, es el objeto de nuestra muy serena seguridad en la Santísima Fe que no engaña. Esta FE y esta ESPERANZA, las comparto con ustedes, en la COMUNICATIO que es propiamente la del AMOR. (...)
Permanezco incesantemente con ustedes, en estado de oración y de “tendencia”, que es a la vez preparación y fruto de la OBLATIO MUNDA.
Los bendigo. Cuento con ustedes. GRACIAS”. (26/6/87)
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Un primer proyecto: reunirnos
Ante la Presencia unitiva de Jesús en el Santísimo Sacramento, verdadero vínculo entre él y nosotros, alimentamos la idea de añadir también una unión local entre nosotros. Desde su visita habíamos estado hablando de ello; él nos escribió poco después: “Confíen, conmigo, a MARÍA, el querido proyecto de reunirnos...”
Qué empresa, para Monseñor, que aún no había terminado su mudanza de Etiolles (donde estaba ligado por todos los recuerdos del Saulchoir y de la vida conventual) a Raveau, emprender, a la edad de ochenta y nueve años, ¡otra mudanza, y al extranjero!
Pero tal era su deseo, continuamente renovado en cada encuentro; ¡quería estar con nosotros! No hace falta decir lo felices y emocionados que estábamos con ello. Pero la espera por una casa más grande se prolongaba, posponiendo el día de la reunión, que en los designios de Dios iba a permanecer como un deseo del corazón sin realizar aquí abajo. […]
Un último pensamiento: el Instituto
[…] Sintiendo que se acercaba la muerte, a decir verdad, el encuentro con el divino Maestro Jesús, Monseñor quiso volver a pensar en los hijos que dejaba en esta tierra, antes de volver su espíritu hacia el Cielo, todo a la contemplación de la Santísima Trinidad. Todos los que le fueron fieles pueden decir cómo, en los últimos tiempos, los dirigía hacia el Instituto. […]
Así que uno de sus últimos pensamientos fue encontrarnos un traductor para la edición francesa de “Sodalitium”. […] Y quiso que estuviéramos con él durante su última enfermedad: […] el Padre Murro velará por él, con los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, cada día hasta su último suspiro, como él mismo cuenta en el artículo que escribió en este número. La Comunión diaria, me dijo, que le aportaba cada día su medida de vida y su medida de cruz, y su larga acción de gracias silenciosa, no le impedían sin embargo pensar en nosotros, en la casa que había que comprar, donde él habría deseado venir también. Un día, con ternura paternal, al verme preocupado por un largo y agotador viaje que tenía que hacer, me bendijo desde su lecho de enfermo: “Bendigo su viaje”. Y ahora le pido, le pedimos todos, los que pertenecemos al Instituto, que bendiga nuestro viaje hacia la Eternidad. Después de las líneas que citamos anteriormente, ¿cómo dudar de que Mons. Guérard des Lauriers, Padre Louis-Bertrand O.P., es realmente nuestro Padre y verdadero cofundador? Sin él, ¿qué sería de nuestro Instituto?, una “materia sin forma”, me atrevo a decir. Entonces, ¿podemos dudar del amor de Monseñor por nosotros, de su voluntad de vernos continuar su obra?... Que los verdaderos amigos de Mons. Guérard des Lauriers se unan a nosotros, que recen por nosotros, trabajadores de la última hora, para que seamos dignos del ideal que nos ha trazado, de las palabras inflamadas que nos ha dirigido, de la misión que nos ha confiado...
(Sodalitium nº 18)
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Con la mayor tristeza anunciamos la muerte del Padre Anthony Cekada, fallecido el 11 de septiembre. Estaba en su casa en la rectoría de la Iglesia St. Gertrude the Great en West Chester, Ohio, donde desempeñaba su apostolado desde 1989.
El Padre Cekada fue quien me instó a fundar el seminario en 1995. Mons. Dolan había sido consagrado en 1993, y era hora de organizar un lugar para formar sacerdotes. Comenzamos en una sección de nuestra escuela en Warren, Michigan, y luego la trasladamos a nuestras instalaciones actuales aquí en Brooksville, Florida.
Le dije al P. Cekada que no podía hacer el seminario yo solo, ya que en ese momento estaba enseñando en nuestra escuela en Michigan. Así que se ofreció voluntariamente para venir una semana al mes para enseñar ciertos cursos a los seminaristas. Esto lo hizo fielmente hasta noviembre de 2019.
En diciembre canceló su viaje, quejándose de sentirse mal. Nadie lo sabía entonces, pero esta “enfermedad” fue el comienzo de lo que le resultaría letal. Porque fue en este momento cuando comenzó a tener una serie de pequeños accidentes cerebrovasculares que eventualmente le quitarían la vida.
El diagnóstico del accidente no se realizó hasta enero de este año. Aunque significativamente disminuido por el derrame cerebral, todavía tenía mucho control de sí mismo y esperaba una recuperación completa. Mejoró gradualmente. Todos estábamos muy esperanzados. Incluso hizo algunas clases on line para los seminaristas en la primavera. Anunció que definitivamente enseñaría a los seminaristas para el trimestre de otoño, que habría sido ahora, pero Dios tenía otros planes para él.
Desde junio hasta agosto se produjo un deterioro paulatino, hasta que finalmente a principios de septiembre fue trasladado al hospital con otro ataque. Además, se sospechaba el regreso de su cáncer. También sufría de fibrilación auricular (afib), una afección en la que el corazón late muy rápido. Algunos de los peligros de este trastorno son, precisamente, los accidentes cerebrovasculares. Los médicos lo consideraron más allá de tratamiento o cura y lo enviaron a casa. Murió unos días después.
Un amigo por cuarenta y cinco años. Conocí al Padre Cekada en la primavera de 1975, unos meses antes de mi ordenación. El entonces seminarista Daniel Dolan y yo viajamos de Ecône a Friburgo, Suiza, para ver al entonces monje Anthony Cekada. Ellos se habían conocido anteriormente en un monasterio cisterciense en Wisconsin. Daniel Dolan había abandonado a los cistercienses y se había ido a Ecône. Anthony Cekada se quedó con los cistercienses y fue enviado a Friburgo para continuar su formación.
El propósito del viaje era convencer a Anthony Cekada de que abandonara los conservadores cistercienses del Novus Ordo y viniera a Ecône. Funcionó. Anthony Cekada ingresó a Ecône en el otoño de 1975 y fue ordenado sacerdote en junio de 1977.
Los años de 1976 a 1978 fueron los años de “línea dura” de Monseñor Lefebvre. En mayo de 1976 fue suspendido a divinis, lo que significa que ya no podía ejercer legalmente sus órdenes sacerdotales y episcopales. Hasta ese momento, el arzobispo seguía una política de reconciliación con los ocupantes modernistas del Vaticano. En 1976 dio un giro completo, justificadamente disgustado porque, aunque los herejes modernistas tenían rienda suelta en la nueva religión de Pablo VI, él era señalado para ser castigado.
Aquellos de nosotros que habíamos pasado por los horrores de los seminarios del Novus Ordo estábamos, por supuesto, encantados con este giro de los acontecimientos, ya que no queríamos ningún compromiso con los modernistas.
Sin embargo, en el verano de 1978 murió Pablo VI y Wojtyla (Juan Pablo II) fue elegido en octubre. Todo cambió entonces para Mons. Lefebvre, ya que tenía la esperanza de volver a reconciliarse con los modernistas.
Este cambio de orientación fue el comienzo de nuestro conflicto con el arzobispo. En la primavera de 1983, “los Nueve” ya no estaban con Mons. Lefebvre.
Después de su ordenación en 1977, el P. Cekada fue enviado a Armada, Michigan, para ayudarme con el seminario. En ese momento estaba completamente solo en las instalaciones de Armada. Estuvo allí durante aproximadamente un año, pero luego fue a Oyster Bay Cove, en una propiedad recientemente adquirida en Long Island (1). Desde allí publicó, junto con el entonces P. Kelly y otros, la publicación llamada The Roman Catholic.
Estuve en contacto regular con el P. Cekada durante este tiempo, porque se esperaba que yo contribuyese con la revista.
Luego llegó 1983. Nueve sacerdotes estadounidenses de la Fraternidad San Pío X fueron expulsados porque se opusieron a los cambios que se estaban realizando como preparación para la absorción de la Fraternidad por parte del Novus Ordo.
Debido a que estábamos en una serie de corporaciones como directores, se siguieron demandas, ya que nos negamos a renunciar a estos cargos mientras existiera la intención de reconciliarnos con el Novus Ordo.
Fue durante este período de demanda, de 1983 a 1988, que el P. Cekada y yo interactuamos mucho. No solo hubo una estrategia de la que hablar, sino que también surgieron muchos temas teológicos.
En 1989 el P. Cekada se mudó de Oyster Bay a St. Gertrude, en ese momento en Sharonville, Ohio, un suburbio de Cincinnati. Unos años más tarde se construyó la actual instalación en West Chester, Ohio, donde permaneció hasta su muerte.
Desde 1995, vería al P. Cekada regularmente para sus visitas mensuales al seminario. También trabajé con él en varios artículos para Internet. También aparecimos juntos en True Restoration’s Francis Watch, analizando las escandalosas declaraciones y acciones de Bergoglio.
Un combatiente e investigador. Cualquiera que haya conocido al P. Cekada sabe que era un combatiente infatigable. Nunca fue alguien que simplemente se diera la vuelta cuando lo desafiaban, lo contradecían o lo atacaban. La adversidad no lo deprimía; lo motivaba.
En sus batallas teológicas con los demás, siempre noté que, si se era respetuoso con él, él también lo era. Esto era cierto incluso si se estaba totalmente en desacuerdo con él. Pero si se mostraba lo que él llamaba “actitud”, que es una presentación sarcástica, beligerante e irrespetuosa de su argumento, él devolvería el fuego con una sátira y un sarcasmo fulminantes.
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El Padre Cekada nunca se consideró un pensador profundo ni en filosofía ni en teología, pero fue un excelente investigador. Siempre se tomaba la molestia de hallar las fuentes originales de las citas que se utilizaran como argumentos en su contra.
Su obra maestra de investigación fue su libro Work of Human Hands, que expuso todo el movimiento litúrgico desde su origen, mostrando cómo, desde 1948, hubo un proceso paso a paso, bajo el liderazgo del francmasón Bugnini, para destruir la liturgia romana. El fuerte del Padre Cekada fue la sagrada liturgia, y me alegro de que nos haya dejado este libro, un testimonio permanente de acusación contra la Nueva Misa. De hecho, es su legado, más que cualquier otra cosa.
Gran sentido del humor. El Padre Cekada es recordado con cariño y profundamente extrañado por su sentido del humor. Era la persona más ingeniosa que he conocido. Nos hizo reír a todos, alegrando nuestro espíritu en este interminable y deprimente problema en la Iglesia.
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Ascetismo. El P. Cekada siempre disfrutaba de una buena comida, pero durante la Cuaresma practicaba un ascetismo medieval en la mesa. Se abstenía por completo de comer carne en todos los días de ayuno y no tocaba alimentos sólidos hasta tarde en el día. Solo comía verduras. Pocas personas saben esto, pero lo observé cuando estuvo aquí en el seminario.
Ha caído un general. El Padre Cekada puede decir con San Pablo: “He peleado el buen combate, he terminado mi carrera, he conservado la fe” (II Timoteo IV, 7). El Padre consagró toda su vida a la lucha contra el Modernismo. Dio todo lo que tenía. Utilizó todas sus capacidades en este gigantesco esfuerzo que emprendemos todos los días para combatir el Vaticano II y sus efectos.
Me cuesta incluso concebir el movimiento tradicional sin el Padre Cekada. Juntos formamos un buen equipo, cada uno contribuyendo a la preservación y defensa de la fe católica contra los embates de los modernistas. También tuvimos que defender nuestras posiciones contra las críticas de colegas tradicionalistas de todas las tendencias.
Su fallecimiento es, por supuesto, una fuente de gran tristeza para nosotros, pero nos consuelan las circunstancias de su muerte. El P. Cekada no era tonto y, a medida que se deterioraba mes a mes, estoy seguro de que sabía que se estaba muriendo. Este conocimiento le dio la maravillosa oportunidad de prepararse para la muerte. Fue constantemente asistido por Mons. Dolan y otros clérigos, en lo que respecta tanto a sus necesidades espirituales como materiales. Murió pacíficamente en presencia de su familia y amigos cercanos.
Aunque nadie es perfecto, creo que tenemos una sólida esperanza de la salvación eterna del P. Cekada. Tuvo una buena muerte, según todos los medios externos de juzgar. Sin embargo, solo Dios es su juez, y nunca debemos dejar de rezar por el descanso de su alma. Incluso San Pablo dijo: “Cierto que mi conciencia nada me reprocha; mas no por eso quedo justificado. Mi juez es el Señor” (I Cor. IV, 4). Los sacerdotes tienen faltas como cualquier otra persona, y estas faltas, si no son expiadas en esta vida, deben ser expiadas en la próxima, es decir, en el Purgatorio.
Most Holy Trinity Seminary. El P. Cekada era muy devoto del seminario y se le extrañará mucho. Era un especialista en las áreas de Derecho Canónico y liturgia, habiendo realizado años de investigación en ambos campos. Los que quedamos ahora tenemos que llenar los espacios en blanco, y no será una tarea fácil.
Se interesó especialmente por los seminaristas y se aseguró de salir a caminar con cada uno de ellos cada vez que venía. Durante sus clases había a menudo carcajadas. Siempre mantuvo sus cursos interesantes insertando comentarios humorísticos. El P. Cekada solía bromear sobre sí mismo, diciendo que su visita mensual al seminario “era como el circo que llega a la ciudad”. Los seminaristas lo amaban y lo extrañarán terriblemente.
Una inspiración para los jóvenes. Cuando Nuestro Señor dejó este mundo ascendiendo al cielo, los ángeles dijeron a los Apóstoles, que estaban asombrados, mirando al cielo: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, vendrá de la misma manera, tal como le habéis visto ir al cielo”. Es como si dijera: “No regresará en mucho, mucho tiempo. ¿Por qué estás mirando al cielo vacío como si Él regresara pronto?”
En otras palabras, la obra de Nuestro Señor en la tierra se realizó. El trabajo del Padre Cekada se realizó y se fue a otro mundo. No lo volveremos a ver hasta el último día.
Así como los Apóstoles, entonces, tuvieron que dejar de lado su alegría por la presencia física de Cristo y entregar sus vidas a la edificación de la Iglesia, así nuestros jóvenes no deben pasar mucho tiempo mirando y llorando ante la tumba del P. Cekada, sino que deben buscar continuar el trabajo del P. Cekada al convertirse en sacerdotes, al convertirse en el gran combatiente que fue, el gran investigador, uno de los generales en nuestra batalla contra el modernismo.
Si el P. Cekada pudiera decirnos cualquier cosa desde la tumba, estoy seguro de que instaría a los jóvenes a apuntarse, a portar las armas espirituales contra el enemigo modernista, a trabajar incansablemente, como él lo hizo por la restauración de la verdadera Fe.
(1) Durante la búsqueda de la propiedad en Long Island, el P. Kelly estaba buscando en el área de Oyster Bay casas grandes que posiblemente pudieran servir como rectoría e iglesia. Una de estas casas era una antigua finca de Rockefeller en Oyster Bay. El P. Cekada, siempre humorista, dijo: “Si conseguimos este lugar, tendremos que llamarlo Oysters Rockefeller”.
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Mons. Dolan: El P. Cekada ha fallecido serenamente esta mañana, rodeado de oraciones y muy fortalecido con los Sacramentos de la Iglesia. Por favor, acordaos en vuestras oraciones del alma de este buen y generoso sacerdote (Twitter, 11/09/2020).
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